2 de octubre
2 de octubre Las pasadas navidades, después de decepcionarnos e ilusionarnos durante varios años con la posibilidad de verla de nuevo, la nieve volvió a cubrir las cimas de las montañas y vistió con elegancia a los firmes pinos. En mi soledad, decidí que los niños tendrían que poder disfrutar de la nieve como lo hacíamos nosotras, así que, una vez vestida y con el equipo necesario, dirigí a los pequeños hacia la cima más baja. El parsimonioso paso de los jovencitos dio paso a las remembranzas que juntas, en aquellas montañas, construimos para el resto de nuestras vidas. Nunca he olvidado, y dudo que llegue a olvidarlo siquiera, aquel invierno en el que, con 17 años, pasamos la noche en la gélida montaña. El terror en mí ardía con mayor intensidad que el fuego de aquel refugio; a pesar del calor de la fogata, el rechinar de los dientes no abandonaba mi cuerpo. No rechinaban por frío, sino por temor. ¡Qué hubiese sido de m...