1 de octubre
1 de octubre
En uno de mis habituales paseos por la naturaleza, tan presente en nuestro pueblo natal, no he podido evitar embriagarme de alegres pensamientos. Aquellos recuerdos, ahora borrosos, fruto del paso del tiempo, colmaban mi mente de una felicidad tan inocente como la que sólo tú podías transmitir.
Cuando vagábamos por los frondosos bosques que visten las faldas de la cordillera Cantábrica, el tiempo fluía al ritmo de una zarabanda, mientras los árboles danzaban al compás de las melodías entonadas por las aves, nuestras más queridas amigas.
Hace ya un año desde tu partida y, hasta hoy, no he decidido escribirte; no por desinterés, sino para poder narrarte cómo hemos evolucionado el pueblo y yo en tu ausencia.
Desde un claro en mitad del bosque, sentada en un tronco y rodeada de hojarasca, plasmo los recuerdos que dejaste atrás, para que siempre puedan formar parte de lo que tú eres.
(Primera de las 31 cartas que constituyen este reto de escritura)
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